La Calle Verde

Sevilla, capital de Andalucía, queda grabada en la memoria de los que la han visitado por su luz y sus colores. El encanto de su casco antiguo con el tupido entramado de calles estrechas y callejones repletos de antiguas casas-palacio. La belleza de su patrimonio histórico-monumental, resultado de la fusión en los siglos de las diferentes culturas y religiones del Mediterráneo por los que la UNESCO le ha otorgado el título de lugar protegido como Patrimonio de la Humanidad.
Si a todo esto añadimos el brío de su vida urbana, la increíble variedad de locales, bares, restaurantes y la hospitalidad de sus habitantes, es fácil imaginar que una estancia en Sevilla puede ser una experiencia inolvidable.

La Calle Verde

Es el nombre de la calle donde se encuentra nuestra casa, una calle estrecha y peatonal que une el antiguo barrio judío con la Avenida Menéndez Pelayo, cuyo trazado corresponde al de la antigua muralla, que tenía en la Puerta de la Carne su punto de entrada a esta parte del centro de la ciudad.
Las tres iglesias en proximidad de la calle Verde (San Jose, San Bartolomé y Santa María la Blanca) resultan de la transformación de anteriores sinagogas, que habían sido a su vez mezquitas antes del siglo XIII. Los cimientos de las casas de la Calle Verde remontan por lo tanto a la época musulmana y hay muchas leyendas sobre el origen de su nombre actual.
El visitante que llega desde la Avenida Menéndez Pelayo se encontrará con la agradable sorpresa de un patio mudejar embellecido por una fuente monumental espectacular, que ahora forma parte del Hotel de la Judería,. De sus balcones, que asoman a ambos lados de la calle, cuelgan plantas enredaderas con flores durante todo el año. Sea cual sea el origen del nombre de esta típica calle sevillana, lo cierto es que hoy en día la vegetación es lo que la distingue y la convierte en un pasaje exclusivo, íntimo y secreto, para entrar en el corazón de la Sevilla más auténtica … y más fresca en los días de calor del verano, gracias al especial microclima creado por el exuberante techo verde.
En la calle Verde el visitante podrá saborear la vida del barrio, donde los vecinos se conocen entre sí y se quedan hablando en la puerta de sus casas. Al mismo tiempo, a la vuelta de la esquina, se puede alcanzar en pocos minutos a pie todos los lugares de interés turístico más destacados y los servicios básicos: monumentos, bares, discotecas, banco, farmacia, supermercado, panadería, etc.